Mujer y Deporte

Lucía Fuertes, la pasión que puede con todo

Debutó con solo 15 años en Primera, en el Transportes Alcaine, tras empezar a jugar desde el colegio, con una pasión que lo puede todo. «Amo el fútbol, pero no soy tanto de verlo, sino de vivirlo en el verde, de sentir el balón y el juego», asegura, convaleciente aún de su segunda rotura de cruzado consecutiva, una en cada rodilla, que «me han venido muy bien para madurar y cambiar la perspectiva».

Lucía Fuertes, en el CDM Mudéjar.

Lucía Fuertes, en el CDM Mudéjar. / JOSEMA MOLINA

Santiago Valero

Santiago Valero

Ha golpeado la vida a Lucía Fuertes en forma de lesiones, con dos roturas de cruzados casi consecutivas, una en marzo de 2023, en la rodilla derecha y con 11 meses de baja, y otro en septiembre pasado, en la izquierda. Pero la central del Zaragoza CFF, que militó en el equipo cuando estaba en la élite, en el Transportes Alcaine y el Prainsa, no pierde la sonrisa ni el ánimo. Al contrario. «Por suerte o por desgracia, esto me ha pillado en un momento en que yo he vivido ya mucho fútbol. Esto me ha enseñado muchas cosas, sobre todo a trabajar por y para mí, a aportar de otra manera, me ha venido bien para madurar, era muy impaciente y esto me ha cambiado la perspectiva», dice la jugadora, que en enero cumplirá 28 años.

El fútbol llegó a su vida por casualidad, porque nadie en su entorno familiar había intentado esa vía, pero ella, cuando sonaba el recreo en el Padre Enrique de Ossó solo veía balón y portería. «Estábamos otra chica y yo que le dábamos al fútbol allí y lo de marimacho me lo oí muchas veces, aunque a mí me daba igual, solo quería jugar con mis amigos», recuerda. Lo hizo primero en el fútbol sala, después llegó al Delicias y de ahí a la cantera del Transportes Alcaine. «Debuté con 15 años y el día de mi cumple además, como para olvidarlo, en Santander y en Primera».

La central del Zaragoza CFF acaba de iniciar la rehabilitación de su grave lesión.

La central del Zaragoza CFF acaba de iniciar la rehabilitación de su grave lesión. / JOSEMA MOLINA

Sus inicios estuvieron en la medular, pero de forma natural fue retrasando el puesto para ser defensa y tratar de emular a Sergio Ramos, aunque no es Lucía de tener muchos ídolos. «Amo el fútbol, pero no he sido de verlo todo el rato por televisión, ni el masculino ni el femenino, a mí me gusta vivirlo en el verde, sentir el balón y el juego», espeta. En sus primeros pasos lo hacía con compañeras como «Claudia Neto, que me gustaba mucho, Bárbara Latorre, Marta Cardona, Mapi León… Entrenar y jugar con ellas fue un privilegio, se convirtieron luego en referentes».

«Entrenar a niñas me da la vida ahora, mezclar fútbol y educación es perfecto para mí»

El fútbol le llevó a Logroño en la 18-19 y a llegar a 105 partidos en la élite para regresar en pos de ayudar al Zaragoza CFF a volver a Primera, ya como capitana y una de las líderes por experiencia y jerarquía de ese vestuario. «Lo hice con esa ilusión, sí, pero es complicado. Una vez que bajamos, los equipos de la máxima categoría tienen más nivel y hay más competitividad en Primera y Segunda RFEF. La reestructuración nos llegó en muy mal momento, con aquel descenso doloroso en Córdoba».

El fútbol femenino ha dado pasos adelante en estos tiempos y «ahora en Segunda RFEF son mejores las condiciones que cuando estábamos hace seis o siete años en la élite», aunque ella ya tiene su vida laboral encauzada, con Magisterio y las oposiciones ya sacadas para ser maestra, lo que tendrá que compatibilizar con el fútbol, donde la interrogante está puesta en junio, cuando acaba contrato y habrá que evaluar su vuelta. «Desde que me lesioné por mi cabeza han pasado mil opciones, desde la retirada en los primeros días al aumento de las ganas de volver. Decidí ir día a día. A recuperarme bien, lo primero, y ver cuando llegue el momento cómo estoy y lo que me apetece. No me voy a agobiar con cosas que quedan lejos».

El gusanillo del verde se lo quita al entrenar al equipo alevín de su club. «Una semana después de operarme y con dolor ya vine. Esto me da la vida ahora», dice, con la seguridad de que, al colgar las botas, el balón seguirá ahí: «Mezclar el fútbol y la educación es mi combinación perfecta. El fútbol siempre va a estar ligado a mi vida». 

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